Isidoro Álvarez, el tendero que pensaba en grande

Cada vez que pienso en mi tío Isidoro Álvarez y El Corte Inglés, vuelvo a repasar muchas de las conversaciones que marcaron mi manera de entender la empresa, el retail y, sobre todo, el trabajo bien hecho.

Isidoro fue mi maestro, mi guía y mi referencia. Heredero directo de la gran escuela de retail de El Encanto de La Habana (de César Rodríguez, Ramón Areces y Pepín Fernández), asumió en 1989 la presidencia de El Corte Inglés y lideró una etapa decisiva. Consolidó el grupo como líder indiscutible de los grandes almacenes en España y lo situó entre los referentes europeos y mundiales.

Pero más allá de los cargos y los resultados, Isidoro fue, ante todo, un tendero. Y no lo digo como una metáfora bonita, sino como una forma de estar en la empresa y en la vida.

Quiero rendirle homenaje recuperando algunas de las frases que le escuché repetir durante años y que, bien leídas, explican mucho mejor que cualquier manual cómo entendía el retail.

Porque hablar de Isidoro Álvarez y El Corte Inglés es hablar de la profesionalización del gran almacén en España.

La tienda como escenario vivo

“La tienda debe ser un circo de siete pistas, donde pasen cosas”. Con esta frase resumía su visión del retail con futuro.

Una tienda no puede ser previsible o aburrida. Tiene que sorprender y ofrecer motivos para volver. Isidoro sabía que el cliente no entra sólo a comprar: entra a vivir una experiencia, a descubrir, a sentirse parte de algo. Cuando eso ocurre, el comercio se convierte en relación, más allá de la compra puntual.

De ahí otra de sus ideas recurrentes: “Nadie entra en una tienda vacía”. El tráfico llama al tráfico. En retail, atraer gente no es un efecto colateral, es una prioridad estratégica. Y tan importante como generarlo es saber gestionarlo con recorridos, secciones, ritmo, servicio… Todo cuenta.

Vender más antes que recortar

“Los gastos tienen las patas muy cortas”. Isidoro Álvarez desconfiaba de los planes basados sólo en recortar costes. Sabía que, cuando un proyecto se la juega de verdad, la clave no está en gastar menos, sino en vender más y vender mejor.

El foco debe estar en el producto, en la oferta comercial y en la capacidad de atraer clientes. Ajustar gastos es necesario, pero nunca puede sustituir a una propuesta potente.

Por eso insistía tanto en la ejecución: “La mejor estrategia no vale para nada si no se ejecuta adecuadamente”. Esa obsesión por la ejecución explica buena parte del éxito de Isidoro Álvarez y El Corte Inglés durante décadas.

No le interesaban las excusas ni los discursos teóricos. Le gustaban los ejemplos claros. Como los cambios de neumáticos en la Fórmula 1 o la coordinación milimétrica en la cubierta de un portaaviones. Ahí todo el mundo sabe lo que tiene que hacer, cuándo y cómo. Sin excusas.

Pasión, producto y servicio

“Si te apasiona lo que haces, siempre hay tiempo para todo”.

Mi tío Isidoro creía que un buen ejecutivo no está pendiente del reloj. No porque no valore el tiempo, sino porque cuando hay pasión y compromiso, la energía sale sola. Su dedicación no era impostada, era consecuencia de sentir la empresa como algo propio.

Y si había una frase que repetía casi como un mantra era ésta: “Las claves del retail son: primero, producto y después producto y producto…”. La decía para contraponerla al famoso “location, location, location”. Creía en la ubicación, por supuesto, pero tenía claro que sin una oferta de producto sólida, atractiva y bien presentada, todo lo demás se cae.

A ese triángulo se sumaba el servicio: “El éxito está en el servicio, tratando a todos de forma excelente y por igual”. Producto y ubicación no sirven de nada si el cliente no se siente bien atendido. El respeto, la profesionalidad y la igualdad en el trato son innegociables.

Cuidar el conjunto, no sólo las partes

“Necesitas todos los dedos de una mano”. Con esta frase advertía de un riesgo frecuente como es empezar a eliminar categorías o secciones sin entender el impacto en el conjunto.

Un gran almacén es un ecosistema. Si quitas piezas sin una visión global, puedes entrar en una espiral negativa difícil de revertir. Isidoro pensaba en términos de equilibrio comercial, no de decisiones aisladas.

A todo esto se sumaba otra convicción: “Con la humildad se llega mucho más lejos que con la arrogancia”. La humildad abre puertas, facilita acuerdos y evita errores graves. La arrogancia, en cambio, suele cerrarlos todos.

“Hay que ser tendero”

Pero si tuviera que elegir una sola frase para resumir a Isidoro Álvarez, sería ésta: “Hay que ser tendero”.

Economista de formación y presidente de uno de los mayores grupos de distribución de Europa, nunca perdió el contacto con la realidad de la tienda. Quería estar allí, hablar con los empleados, observar a los clientes, recorrer secciones, ver el funcionamiento… Sabía que todo empieza y acaba en la tienda. Que ahí se valida cualquier estrategia.

Para él, ser tendero no era un oficio menor. Era una actitud. Escuchar, observar, cuidar el detalle y respetar al cliente. Esa forma de entender el trabajo fue la base sobre la que se construyó una empresa sólida y duradera: Isidoro Álvarez y El Corte Inglés crecieron desde esa lógica de tendero.

Un legado que sigue vigente

Isidoro Álvarez fue un referente de una manera de hacer empresa basada en el sentido común, la exigencia y el respeto por el oficio. Su legado en El Corte Inglés sigue siendo una referencia para entender el retail español. Y muchas de sus frases podrían haberse dicho ayer. Esa es la mejor prueba de su vigencia.

Cada vez que vuelvo a ellas, me recuerdan que el retail no va de modas pasajeras, sino de fundamentos bien ejecutados. Que la tienda sigue siendo la mejor escuela. Y que, al final, hacer comercio es coordinar detalles con obsesión.

Quien gobierna esa cadena, gana.

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